0 Comentarios
Qué pasa antes de empezar quimioterapia
El período comprendido entre el diagnóstico oncológico y el primer goteo en el hospital de día suele vivirse como una montaña rusa emocional dominada por la incertidumbre. Para la inmensa mayoría de las personas, los días o semanas previas generan una duda recurrente: ¿qué pasa antes de empezar quimioterapia? Lejos de ser un tiempo de inactividad, este intervalo constituye una fase clínica meticulosamente coordinada. En ella, el equipo multidisciplinar evalúa tu estado de salud basal, diseña el esquema terapéutico personalizado y establece los cortafuegos necesarios para minimizar los efectos secundarios. Entender a fondo cada paso te permitirá recuperar la sensación de control y transformar la inquietud de la espera en una preparación activa y consciente.
Tras asimilar la noticia y organizar los primeros pasos tras recibir el diagnóstico, la maquinaria médica se pone en marcha con un objetivo claro: comprobar que tu organismo está en las condiciones idóneas para recibir los citostáticos de forma eficaz y segura. A continuación, desglosamos detalladamente todas las pruebas clínicas, visitas médicas, cuidados preventivos y ajustes personales que forman parte de esta etapa preparatoria esencial.
Pruebas previas: Evaluando el estado basal de tu organismo
Antes de administrar cualquier fármaco antineoplásico, es imperativo obtener una fotografía exacta y exhaustiva de tu organismo. Los medicamentos quimioterápicos actúan sobre las células tumorales de rápida división, pero también interactúan con órganos vitales encargados de metabolizar y excretar las sustancias químicas. Las pruebas previas garantizan que tus órganos funcionen correctamente y permiten establecer valores de referencia para realizar comparaciones seguras durante las revisiones de cada ciclo.
1. Analítica de sangre y bioquímica completa
El análisis sanguíneo es el termómetro más directo de tu salud antes de comenzar la quimioterapia. El oncólogo solicitará un estudio minucioso que evalúa diversos parámetros cruciales:
- Hemograma completo: Mide los glóbulos rojos (para descartar anemia previa), los glóbulos blancos o leucocitos —con especial atención a los neutrófilos, fundamentales para combatir infecciones bacterianas— y las plaquetas, responsables de la coagulación.
- Función renal (Creatinina, Urea y Aclaramiento de creatinina): La mayoría de los citostáticos se eliminan total o parcialmente por vía renal. Comprobar que los riñones filtran a un ritmo óptimo previene intoxicaciones farmacológicas y permite al oncólogo ajustar la dosificación con exactitud milimétrica.
- Función hepática (Transaminasas, Bilirrubina, Fosfatasa alcalina): Dado que el hígado es el principal órgano metabólico del cuerpo, su rendimiento debe ser impecable para descomponer las moléculas activas y prevenir hepatotoxicidades.
- Perfil electrolítico y metabólico: Calcio, sodio, potasio, magnesio y glucosa deben situarse en rangos de normalidad para asegurar la estabilidad celular y neuromuscular durante las infusiones.
- Estudio de coagulación: Especialmente si se planifica la implantación quirúrgica de un catéter central o reservorio venoso.
2. Pruebas de función cardíaca
Determinadas familias de fármacos quimioterápicos —como las antraciclinas (doxorrubicina, epirrubicina) o ciertas terapias dirigidas asociadas— poseen un potencial cardiotóxico que exige monitorización rigurosa. Por esta razón, una de las pruebas estándar antes de empezar quimio es el ecocardiograma transtorácico o, en su defecto, una gammagrafía de ventilación/perfusión cardíaca (MUGA scan).
El dato clínico determinante que buscará el cardiólogo u oncólogo es la Fracción de Eyección del Ventrículo Izquierdo (FEVI). Este porcentaje indica la capacidad del corazón para bombear sangre en cada latido. Si la FEVI inicial se sitúa en niveles óptimos (generalmente superiores al 50-55%), el tratamiento puede arrancar con garantías de seguridad cardiovascular. Adicionalmente, se realiza un electrocardiograma (ECG) basal para descartar arritmias o alteraciones en el intervalo QT.
3. Pruebas de imagen y estadificación tumoral
Aunque se hayan realizado pruebas diagnósticas iniciales para la biopsia, es habitual actualizar o ampliar los estudios de imagen pocas semanas antes del inicio del tratamiento sistémico. Estas exploraciones sirven para dos cometidos: confirmar con precisión micrométrica la extensión de la patología y servir de referencia comparativa para comprobar la reducción del tumor tras los primeros ciclos.
- Tomografía Computarizada (TAC o TC): Permite obtener imágenes axiales transversales de alta resolución de tórax, abdomen y pelvis para evaluar ganglios linfáticos y estructuras viscerales.
- Resonancia Magnética (RMN): Aporta una diferenciación superior de tejidos blandos, comúnmente utilizada en oncología de mama, sistema nervioso central o pelvis.
- Tomografía por Emisión de Positrones (PET-TAC): Rastrea la actividad metabólica de las células mediante un trazador de glucosa radioactiva, identificando áreas de proliferación celular activa en todo el cuerpo.

Preparación médica e intervenciones previas a la infusión
Superada la batería de pruebas diagnósticas, se llevan a cabo una serie de intervenciones clínicas y medidas preventivas programadas específicamente para facilitar la administración continuada de los medicamentos y proteger las mucosas corporales de posibles complicaciones bacterianas.
Colocación del acceso venoso: Reservorio (Port-a-cath) o PICC
La quimioterapia suele requerir infusiones repetidas durante varios meses. Administrar estos fármacos por las venas periféricas de los brazos y manos (a través de una cánula estándar) suele provocar irritación endotelial, flebitis química, endurecimiento venoso e incluso riesgos de extravasación tisular grave. Por ello, una de las fases más habituales de la preparación médica es la colocación de un acceso venoso central.
- Port-a-cath (Reservorio subcutáneo): Consiste en un pequeño dispositivo redondeado de titanio o plástico biocompatible unido a un catéter flexible de silicona. Se implanta bajo la piel de la zona subclavicular en una sencilla intervención con anestesia local y sedación leve que dura entre 30 y 45 minutos. El extremo del catéter desemboca directamente en una vena de gran calibre (la vena cava superior). Permite que la medicación se diluya instantáneamente en un torrente sanguíneo masivo sin dañar las paredes venosas. Resulta invisible bajo la ropa, permite ducharse y hacer vida normal una vez cicatrizada la incisión, y se pincha con una aguja especial (aguja de Huber) únicamente durante los días de tratamiento o extracción analítica.
- Catéter PICC (Catéter Central de Inserción Periférica): Es un tubo fino y flexible que se introduce en una vena del brazo (normalmente la basílica o braquial) y asciende internamente hasta la vena cava. Se inserta bajo guía ecográfica y no requiere quirófano, aunque deja una porción externa visible que exige cuidados de vendaje, fijación y curas asépticas semanales para prevenir infecciones.
Revisión bucodental preventiva
Una cita médica que nunca debe pasarse por alto antes de empezar la quimioterapia es la visita al odontólogo. Los citostáticos debilitan de forma transitoria las defensas del sistema inmunitario y afectan a la mucosa oral, lo que predispone a la aparición de mucositis (llagas dolorosas), gingivitis o infecciones fúngicas por Candida albicans.
El dentista debe sanear minuciosamente la boca al menos dos semanas antes de la primera sesión: eliminar caries, tratar piezas dentales infectadas, realizar una limpieza profunda para suprimir placas bacterianas y extraer muelas del juicio o dientes irrecuperables. Someterse a una extracción dental en pleno ciclo de quimioterapia conlleva un riesgo elevado de hemorragia grave e infección generalizada debido a la bajada de defensas y plaquetas, por lo que toda intervención odontológica invasiva debe quedar completamente cicatrizada antes del primer día de tratamiento.
Estudio serológico y actualización de vacunas
El equipo de enfermería u oncología verificará tu estado serológico frente a virus como la Hepatitis B, Hepatitis C, Citomegalovirus, VIH y Varicela Zóster. Algunos tratamientos inmunosupresores pueden reactivar virus latentes en el organismo, lo que requeriría el inicio preventivo de fármacos antivirales orales. Del mismo modo, se evaluará la administración de vacunas inactivadas (como la de la gripe o el neumococo), recordando que las vacunas de virus vivos atenuados están terminantemente contraindicadas antes y durante la quimioterapia.
La consulta de oncología: Planificación, dosis y consentimiento
Uno de los hitos culminantes de la fase previa es la consulta formal de planificación con el oncólogo médico. En este encuentro se definen las pautas exactas del tratamiento, calculadas de forma rigurosamente individualizada para cada paciente.
Cálculo de dosis mediante Superficie Corporal (SC)
En oncología, la dosis de la medicación no se pauta de forma genérica como en otros fármacos. Se calcula mediante una fórmula matemática basada en la superficie corporal en metros cuadrados (m²), la cual cruza tu peso y tu altura exactos medidos en ese momento. Por esta razón, el personal de enfermería te pesará y medirá con precisión milimétrica antes de cada ciclo.
Firma del Consentimiento Informado
El consentimiento informado es un documento legal y ético fundamental. El oncólogo te explicará detalladamente el nombre comercial y principio activo de los fármacos del protocolo, la cadencia de administración (semanal, quincenal, cada 21 días), el objetivo del tratamiento (adyuvante, neoadyuvante, curativo o paliativo) y los efectos secundarios esperables y potenciales. Tomarse el tiempo de leerlo, formular preguntas sin prisas y resolver cualquier duda es un derecho inalienable del paciente.
Revisión de medicación crónica y fitoterapia
Lleva a esta consulta un listado minucioso de toda la medicación que tomes a diario para la tensión, tiroides, diabetes o colesterol. Es de vital importancia mencionar también suplementos vitamínicos, infusiones de herboristería, plantas medicinales y homeopatía. Sustancias aparentemente inocuas como la hierba de San Juan (hipérico), el pomelo, dosis masivas de antioxidantes (vitamina C o E) o el té verde concentrado pueden interactuar con los citocromos hepáticos, inhibiendo la eficacia de la quimioterapia o multiplicando peligrosamente su toxicidad en sangre.

Preparación estética y capilar: Prevención de la alopecia
Entre los efectos secundarios que más impacto emocional provocan en los pacientes oncológicos, la pérdida del cabello ocupa un lugar prominente. Los fármacos quimioterápicos atacan indiscriminadamente a cualquier célula del cuerpo que se divida a gran velocidad, y los queratinocitos de la matriz del folículo piloso figuran entre las células con mayor tasa de proliferación del organismo.
Lejos de ser un aspecto meramente cosmético, conservar el cabello durante el tratamiento preserva la identidad, protege la privacidad frente al entorno social y reduce significativamente los cuadros de ansiedad y depresión asociados al proceso oncológico. Por este motivo, la toma de decisiones respecto a la salud capilar debe abordarse con antelación, semanas antes de la primera infusión.
Actualmente, la estrategia clínica más respaldada por la evidencia científica internacional para mitigar este impacto es la hipotermia del cuero cabelludo. Si deseas mantener tu pelo, infórmate sobre las opciones disponibles mediante el uso de un gorro hipotérmico para la quimioterapia. Este método funciona enfriando de forma controlada el cuero cabelludo justo antes, durante y después de la administración de los fármacos. Las bajas temperaturas provocan una intensa vasoconstricción local que reduce drásticamente el flujo sanguíneo hacia los folículos pilosos, impidiendo que la concentración de citostáticos alcance la raíz del cabello, al tiempo que ralentiza el metabolismo celular capilar y previene el desprendimiento de la fibra.
Dado que no todos los centros sanitarios disponen de estos sistemas de forma integrada o pueden no mencionarlo en la primera cita diagnóstica por falta de tiempo de consulta, es fundamental que tomes la iniciativa y conozcas qué pasos dar y preguntar por alternativas si tu oncólogo no mencionó el frío terapéutico. Muchos hospitales permiten el uso de sistemas portátiles manuales llevados por el propio paciente, siempre bajo supervisión médica.
Si decides utilizar el gorro frío o simplemente deseas acondicionar tu pelo para los próximos meses, los dermatólogos recomiendan una serie de cuidados previos:
- Suspender tintes químicos agresivos, decoloraciones, alisados de keratina o permanentes al menos dos o tres semanas antes de comenzar la quimioterapia.
- Adoptar champús neutros con pH fisiológico (5.5), libres de sulfatos agresivos, siliconas pesadas y perfumes artificiales.
- Evitar el uso de planchas térmicas, tenacillas y secadores a temperaturas elevadas, optando por el secado suave al aire o con toques ligeros de toalla de microfibra sin frotar.
- Utilizar peines de púas anchas o cepillos de cerdas naturales suaves para evitar tirones en la raíz folicular.
Preparación física y nutricional: La prehabilitación oncológica
Llegar al primer ciclo en una forma física y nutricional óptima reduce de forma drástica la fatiga oncológica (astenia) y disminuye las probabilidades de retrasar tratamientos por toxicidades imprevistas. Este enfoque proactivo se conoce en la literatura médica como prehabilitación oncológica.
1. Nutrición estratégica y masa muscular
El objetivo nutricional primordial en las semanas previas a la quimioterapia no es perder peso ni seguir dietas depurativas o restrictivas —las cuales están totalmente contraindicadas—, sino preservar la masa magra corporal y garantizar una adecuada densidad calórico-proteica. Mantener niveles óptimos de albúmina en sangre protege las defensas y mejora la tolerancia metabólica a los fármacos.
- Aporte de proteínas de alto valor biológico: Incorpora en cada comida fuentes proteicas de calidad como huevos, pescados blancos y azules, legumbres, carnes magras o tofu.
- Hidratación celular preventiva: Acostumbra a tu cuerpo a beber entre 1,5 y 2 litros diarios de agua, caldos vegetales o infusiones suaves en los días previos. Un organismo bien hidratado elimina metabolitos tóxicos a mayor velocidad y protege el epitelio de la vejiga y los riñones.
- Cuidado de la microbiota intestinal: El consumo de fibra soluble (avena, verduras cocidas, manzana) y alimentos fermentados como kéfir o yogur natural ayuda a reforzar la barrera intestinal frente a los futuros episodios de náuseas o diarreas.
2. Ejercicio terapéutico supervisado
El reposo absoluto previo al tratamiento es una recomendación obsoleta. La evidencia científica actual demuestra de forma inequívoca que el entrenamiento de fuerza combinado con ejercicio aeróbico moderado antes de iniciar la quimioterapia mejora la función cardiorrespiratoria, disminuye la inflamación sistémica y optimiza la tolerancia celular a los fármacos citostáticos. Realizar caminatas a paso ligero de 30 a 45 minutos diarios y ejercicios sencillos con bandas elásticas o peso corporal estimula la síntesis proteica y prepara la musculatura para sobrellevar mejor las fases de astenia.

Preparación logística y doméstica: Despejar el camino para el día 1
La víspera del inicio no debe estar marcada por carreras de última hora ni tareas estresantes. Organizar con antelación el entorno familiar, laboral y doméstico aportará una valiosa tranquilidad mental durante los primeros días tras la infusión.
1. El botiquín domiciliario de rescate
En la consulta de enfermería oncológica o de farmacia hospitalaria te entregarán las recetas de la medicación de soporte para tener en casa desde el primer momento. No esperes a encontrarte mal para ir a la farmacia. Tu botiquín preventivo debe contener:
- Antieméticos orales: Fármacos modernos (como antagonistas de la serotonina 5-HT3, dexametasona o aprepitant) diseñados para prevenir tanto la náusea aguda como la retardada. Es vital tomarlos de forma pautada y horaria tal como indique el médico, sin esperar a sentir náuseas.
- Termómetro digital: La herramienta de monitorización domiciliaria más importante. Deberás medir tu temperatura ante cualquier sensación de escalofrío o malestar general; una fiebre igual o superior a 38 °C (o 37,5 °C mantenida) en un paciente con quimioterapia es una urgencia médica que requiere acudir de inmediato a urgencias por riesgo de neutropenia febril.
- Enjuagues bucales específicos: Colutorios sin alcohol formulados con bicarbonato sódico o clorhexidina suave para prevenir llagas en la cavidad oral.
- Protectores gástricos y reguladores del tránsito intestinal: Medicamentos prescritos para la acidez gástrica y alternativas tanto para el estreñimiento (provocado habitualmente por los antieméticos) como para la diarrea.
2. Organización del hogar y comidas preparadas
Durante los tres o cuatro días posteriores a la sesión es frecuente experimentar cansancio o digestiones más lentas. Dedica los días previos a realizar compras de despensa completas y cocinar platos suaves y nutritivos que puedan congelarse en porciones individuales (técnica de batch cooking): cremas de verduras de fácil digestión, caldos de pollo o pescado desgrasados, arroces integrales y compotas de manzana o pera sin azúcares añadidos.
Asimismo, delega tareas domésticas pesadas en familiares o amigos y organiza con tiempo quién te acompañará al hospital y cómo será el traslado de regreso a casa. Si te preguntas qué pequeños objetos y comodidades personales conviene preparar en tu bolsa de mano para que las horas de goteo en el sillón transcurran de la forma más amena posible, te recomendamos revisar detenidamente nuestra guía sobre cómo organizar qué llevar a la primera sesión de quimioterapia.
Preguntas frecuentes antes de empezar quimioterapia (FAQ)
¿Cuánto tiempo suele transcurrir entre el diagnóstico y la primera sesión?
Por lo general, transcurren entre 2 y 4 semanas. Este lapso temporal no implica un retraso perjudicial en el tratamiento, sino el intervalo estrictamente necesario para que el comité de tumores analice las biopsias moleculares, se completen las pruebas de imagen basales, se recupere el cuerpo de cirugías previas si las hubo, y se implante y cicatrice adecuadamente el acceso venoso central.
¿La colocación del Port-a-cath duele o requiere ingreso hospitalario prolongado?
Se trata de un procedimiento ambulatorio menor que se realiza en un quirófano o sala de radiología intervencionista con anestesia local y ligera sedación. El paciente regresa a su domicilio a las pocas horas. Durante los dos o tres días siguientes puede notarse una ligera molestia muscular o sensación de tirantez en la zona del cuello y la clavícula, fácilmente controlable con analgésicos comunes pautados como el paracetamol.
¿Qué ocurre si los análisis de sangre no salen del todo perfectos antes del inicio?
El oncólogo evalúa los resultados en su conjunto de forma individualizada. Si existe una ligera anemia o algún parámetro bioquímico limítrofe, pueden pautarse suplementos específicos (como hierro o factores estimulantes de colonias) o administrarse sueroterapia de hidratación previa. Solo en casos de alteraciones marcadas de la función renal, hepática o hematológica se pospone la sesión unos días para permitir la recuperación espontánea del organismo, salvaguardando siempre tu seguridad.
¿Se puede hacer vida normal en los días inmediatamente anteriores a empezar la quimioterapia?
Totalmente. De hecho, mantener las rutinas diarias, pasear al aire libre, disfrutar de la compañía de familiares y amigos, practicar aficiones y descansar de forma reparadora es la mejor manera de llegar a la primera sesión en un estado de equilibrio físico y serenidad mental.
Conclusión: De la incertidumbre a la preparación proactiva
La antesala de la quimioterapia es una fase técnica, logística y humana de máxima relevancia. Cada análisis de sangre, cada prueba de imagen, la revisión con el odontólogo, la elección de medidas de protección capilar y la organización doméstica no son simples trámites burocráticos: son los cimientos sobre los que se construye la eficacia de tu tratamiento y la preservación de tu calidad de vida. Comprender qué pasa antes de empezar quimioterapia desmitifica los miedos iniciales y te permite afrontar la primera infusión no como un salto al vacío, sino como un proceso estructurado, seguro y rodeado de un equipo clínico multidisciplinar centrado en tu bienestar integral.






